domingo, 25 de mayo de 2008

El alcance de una decisión


Se rompió la burbuja: me voy a estudiar a San Salvador



Recuerdo que mientras estudiaba el bachillerato la incertidumbre sobre qué carrera estudiar y a dónde eran la constante que en ocasiones me agobiaban. Especialmente porque no es fácil dejar a la familia, abandonar la tranquilidad y comodidad del hogar por un lugar desconocido, con otra gente y solo con un ideal que se pone a prueba a través del tiempo.


Digamos que soy santaneca porque es allí donde he vivido la mayor parte de mi vida,. Hay ofertas universitarias interesantes pero que no llenaban mis expectativas sobre el enfoque de comunicaciones que deseaba. Entonces decidí que era la UCA el lugar indicado para estudiar mi carrera universitaria.


Después de viajar todo el preuniversitario para Santa Ana, me sentía cansada, aburrida de tener que ir parada en los buses y angustiada de pensar que en los próximos seis años, por lo menos, serían así.Entonces surgió la necesidad de vivir en un pupilaje de “monjas” que me quedara cerca. Comencé a vivir en Stella Maris, una residencia propiedad de las Hermanas de Bathania, en la cual se comparte el cuarto con alguien que jamás has visto en tu vida y con quien no sabes si habrá compatibilidad de caracteres. En fin, quería estudiar en San Salvador y entonces tenia que acostumbrarme a las nuevas reglas del lugar.

Los buses como siempre fueron un tema importante. Aprenderme algunas rutas de buses solo lo he logrado perdiendo y preguntando. Además, todo el tiempo hay que estar alerta para no salir volando por la puerta o la ventana, que no te roben los pocos objetos de valores que llevas, que te dejen bajarte “sana y salva” en el lugar indicado, no hay que dejar de lado que te den el vuelto y, de paso, acostumbrarte a la infernal música que llevan los buseros a todo volumen. Quería independencia, ahora a sobrevivir en la vida real de la capital.

Las enfermedades que siempre llegan el momento menos indicado, aquí no hay quién se interese por como te sentís y se preocupe por conseguirte medicina. Así moribundo como andas, tenés que buscarte algo para revivir. Entonces empezas a recordar como tu familia si lo hacia y lo poco que habías valorado hasta entonces sus atenciones. Casi dan ganas de regresarse y decirles “tenían razón, esto no es tan fácil como yo creía.” No se parece al paraíso que yo me imaginaba.

Otro elemento importante es la comida: cada vez que pienso en mi primera cena aquí me dan ganas de llorar. Es que cuantas veces desprecie la comida de mi casa, renegué porque no estaba caliente o no me gustaba. Aquí los comedores son una buena opción pero después de un tiempo extrañas la comida saludable de tu casa.


Cuando decidí estudiar en la UCA, jamás imagine el alcance de tal cosa, las mil aventuras y desventuras que se viven. El tiempo que se comparte con la familia es casi cronometrado. Tengo que decir además, que hay gente que la pasado peor que yo y ha salido adelante. Por eso cada dia al levantarme le doy gracias a Dios por la oportunidad que me da continuar en este camino llamado vida.

1 comentario:

rOdRiO dijo...

En muchos aspectos tienes la razon y, como afirmas, no es facil tomar la decision de venirse a estudiar a la capital... Yo comparto contigo esta experiencia pero, al igual ke vos, la fe es la que me mantiene aca, intentando sobrevivir...

Me llega tu entrada... saludos